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Ajustes financieros en la inflación

La inflación es un aumento general y sostenido de los precios de productos y servicios de un país, iniciada por alguna variación económica. En otras palabras, la inflación consiste en una disminución del valor del dinero con respecto a los productos o servicios que se pueden adquirir. La inflación es tanto una consecuencia como un indicador de una crisis financiera. Por lo general, un índice muy elevado de inflación es uno de las primeras muestras que preceden una crisis.

La inflación puede ser de varios tipos, entre los que cabe mencionar:

  • Inflación por costos: Este fenómeno tiene lugar cuando aumenta el costo de materias primas como el petróleo, los granos o los metales. Esto tiene como consecuencia que los fabricantes aumenten también los costos de los productos terminados para evitar pérdidas.
  • Inflación por consumo o demanda: Este tipo de inflación depende del balance entre oferta y demanda. Así pues, cuando ciertos productos o servicios son muy solicitados, pero se encuentran muy escasos, sus precios se elevan en proporción a la demanda.
  • Inflación por especulación: Este tipo de inflación ocurre cuando, anticipándose a la inflación de los productos de la canasta básica, los empleados exigen un aumento en sus sueldos. Dicho aumento orilla a los empleadores a subir el costo de sus productos para prevenir pérdidas, por lo que finalmente se genera un círculo vicioso muy difícil de romper.
  • Inflación autoconstruida: Finalmente, puede ocurrir que los gobernantes de un país prevean un aumento generalizado de precios que tendrá lugar a mediano plazo y, en un afán de evitar el pánico entre la población o un desequilibrio súbito de la economía, generen una inflación progresiva y sostenida.

¿Qué sucede en una inflación?

Las consecuencias de una inflación no son siempre las mismas, puesto que, como se ha explicado, no existe un solo tipo de este fenómeno. Sin embargo, tanto los economistas, como los gobiernos y los consumidores están de acuerdo en que la inflación es más perjudicial que benéfica para la economía.

La consecuencia más importante es que el dinero pierde su valor adquisitivo, lo cual afecta en un primer momento a la población que obtiene salarios fijos, aunque posteriormente, llega a afectar también a personas cuyos ingresos dependen del consumo de los primeros.

Entre las principales consecuencias negativas podemos destacar:

  • Incertidumbre: La inflación genera en primer lugar desconfianza y angustia. Las personas no pueden estar seguras sobre qué tanto aumentarán los precios de los productos semana con semana y mes a mes, por lo que se preocupan y pueden tender a realizar "compras de pánico" que, irónicamente, aumentan la demanda y con ello, la inflación.
  • Aumento del desempleo: El desempleo es una consecuencia frecuente tanto en la inflación por costos como en la inflación por aumento de salarios. Así pues, si el costo de las materias primas aumenta, las empresas pueden intentar mantener sus precios sin sacrificar ganancias mediante el despido de trabajadores. De la misma manera, si los salarios aumentan, las empresas tienden a suspender nuevas contrataciones y a prescindir de algunos empleados.
  • Cese en el crecimiento económico: Como consecuencia de la incertidumbre que se genera por la inflación, en muchas ocasiones, los inversionistas dejan de invertir, lo cual frena el desarrollo económico, aumenta el desempleo y tiende a perpetuar el problema.
  • Desestabilización de la economía frente al mundo: Finalmente, puesto que el poder adquisitivo del país en general disminuye, la inflación deteriora la competitividad de la economía en los mercados internacionales.

Por lo general, los gobiernos toman medidas correctivas y preventivas contra este fenómeno tales como:

  • Política monetaria: Se realizan incrementos a la tasa de interés de deuda pública. Cuando las tasas de interés aumentan, se frena el consumo, la demanda es menor, y los precios comienzan a bajar.
  • Política laboral: Aunque no es muy frecuente que suceda, puesto que genera descontento en la población, hay gobiernos que optan por reducir los salarios de los trabajadores, con el afán de que las empresas bajen los precios de sus productos.

Sin embargo, a nivel macroeconómico, el fenómeno de la inflación resulta complicado y debe ser manejado con cautela, puesto que, si estas medidas no se controlan adecuadamente, pueden derivar en un estancamiento económico.

¿Qué podemos hacer para combatir la inflación desde nuestras finanzas personales?

Aunque la inflación es un fenómeno complejo puesto que no está en nuestras manos revertirlo, podemos tomar algunas medidas que contribuyan a generar tranquilidad y a reducir los efectos negativos de este fenómeno económico en nuestras finanzas personales.

Lo primero que debemos evitar es dejarnos llevar por el pánico de la incertidumbre. En la mayoría de los casos y, a menos que la inflación alcanzara índices exorbitantes, no será necesario cambiar drásticamente nuestros hábitos de consumo, sino sólo planificarlos y moderarlos.

Algunas estrategias que podemos seguir son:

  • Moderar nuestros patrones de consumo: Como hemos visto a lo largo de éste artículo, las compras de pánico no son en absoluto recomendables. Debemos evitar que la incertidumbre se apodere de nosotros y programar con anticipación las compras de los productos que realmente necesitamos. No debemos dejarnos llevar por la noción de que si algo es caro hoy, lo será más mañana. Aunque lo anterior pudiera ser una realidad, las compras excesivas aumentan la demanda del producto y, en un momento dado, pueden contribuir a encarecerlo más.
  • Pagar nuestras deudas: En vista que nuestro dinero comienza a "rendir menos cada día" conviene liquidar nuestros pasivos lo antes posible para sentirnos más tranquilos y seguros.
  • Invertir nuestro dinero: Ante una inflación es importante ahorrar e invertir nuestro dinero para tratar de conservar su valor. Es recomendable invertirlo en instrumentos financieros cuya tasa de interés sea igual o mayor al porcentaje de inflación.
  • Diversificar nuestras inversiones: En algunos casos no basta sólo con invertir porque puede ocurrir que las tasas de interés que nos ofrece un instrumento varíen de manera impredecible. Es por eso que puede resultar útil diversificar nuestro ahorro e inversión. Por ejemplo, podemos invertir una parte en acciones, tener una cuenta de ahorro simple (para tener dinero a la mano en caso de algún imprevisto) y comprar bienes raíces, que, a largo plazo, aumentarán su valor.

Ante todo, lo fundamental es conservar la calma y no caer en comportamientos extremos. Debemos redoblar nuestras medidas de ahorro, moderar nuestro consumo y reducir los gastos innecesarios, hasta cierto punto, recordando siempre que toda estrategia radical puede resultar contraproducente a la larga.

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